Miércoles. 27 de Junio. Una mañana genial, de estas en las que te levantas tarde y te quedas en la cama, tus padres están en el trabajo y tus hermanos en el salón mirando la tele. El ventilador está encendido, así que el calor no es un problema. Coges el móvil, twitteas el ''Buuuuuenos días'' de siempre y contestas alguna que otra mención. Mensaje de tu madre: te levantaste?. Le devuelves el mensaje diciéndole que sí. Al final te hartas de estar en la cama; te levantas. Pantalón corto y camiseta de tirantas. Nota mental: ordenar la habitación.
Llegan las dos y media, aproximadamente. Escuchas el sonido de la cerradura. La puerta se abre y se cierra con la misma rapidez. Hora de poner la mesa. Después de discutir a quién le toca hoy, la pones tú, como siempre. Coméis. Tu madre vuelve a irse a la clínica a trabajar. Su propia clínica dental, como siempre quiso.
A las cuatro tocan el timbre. La niñera. Nunca entendiste para qué una niñera. 8, 10 y 14 años. Sabéis cuidaros perfectamente. Pasa la tarde. Hoy no habías quedado con nadie, y tampoco tienes ganas de ir a la piscina; te quedas en el ordenador con Twitter, Tuenti y mirando la tele. A las seis y pico suena tu móvil. Gotta be you. En la pantalla iluminada se lee el nombre de Candela. En ese momento te das cuenta de que algo raro pasa. Hacía casi un mes que no os veíais, ni a ella, ni a su abuela, y cuando llamaba, solía hacerlo al teléfono fijo. Descuelgas. Le notas la voz frágil, como si fuera a quebrársele. Mientras la conversación avanza tú te sientes cada vez peor, sueltas el primer sollozo y ya no puedes controlarte. Las lágrimas caen una detrás de otra por ambos ojos, se te nubla la vista. Te despides y guardas el móvil en el bolsillo. Te pones las zapatillas y, tras avisarle a la niñera de que te vas, sales a la calle. Subes la cuesta. Pasas el bar, la cancha de baloncesto, el parque. Piensas en ella, en todo lo que hacía por vosotras. Por su nieta y por ti. Desde que empezaste el instituto apenas la veías, ellas vivían en Málaga centro y tú en Benalmádena, a media hora, pero con todos los exámenes, los deberes, trabajos y exposiciones no tenías tiempo. Ya no comíais sus típicos bizcochos, tampoco os contaba historias de cuando era joven. Ella no se acordaba de vuestros nombres; a veces, ni siquiera recordaba el suyo. Empiezas a correr hasta que no puedes más. Los pulmones te queman por dentro, la respiración desacompasada te pide por favor que pares y tomes aire. Ahora los pulmones te duelen y el cuerpo te arde. Pero tú no quieres parar. Ella ya no está. Una infección secundaria causada por la enfermedad. Una úlcera. Te das cuenta de lo importante que era para ti, tanto como una abuela. Quizás como una segunda madre.
I'll find the words to say...
Colecciono sonrisas, ¿me regalas una?
.
lunes, 6 de agosto de 2012
La princesa del hielo.
''La casa estaba desierta y vacía. El frío penetraba por todos los rincones. En la bañera se había formado una fina membrana de hielo. Y ella había empezado a adquirir un ligero tono azulado.
Pensó que, así tumbada, como estaba, parecía una princesa.Una princesa de hielo.
El suelo sobre el que se sentaba estaba helado, pero el frío no le preocupaba. Extendió el brazo y la tocó.La sangre de sus muñecas llevaba ya tiempo coagulada.
El amor que por ella sentía jamás había sido tan intenso. Le acarició el brazo como si acariciase el alma que había abandonado aquel cuerpo.
No se volvió a mirar cuando se marchó. Aquello no era un adiós. Era un hasta la vista''
''Calentó un mechón de su cabello entre sus dedos. Los diminutos cristales de hielo se derritieron mojando las palmas. Fue lamiendo el agua, con deleite.
Apoyó la mejilla contra el borde de la bañera y sintió cómo el frío le mordía la piel. Era tan hermosa. Allí, flotando en la superficie del hielo.
Los lazos que los unían aún seguían vivos. Nada había cambiado. Nada era diferente. Dos de la misma naturaleza.
Tan solo con un mínimo esfuerzo podía darle la vuelta a su mano para unir las dos palmas. Trenzó sus dedos con los de ella. La sangre estaba reseca y coagulada y se adhirió en pequeños fragmentos a su piel.
El tiempo jamás había sido importante cuando él estaba a su lado. Años, días o semanas, todo se confundía en una mezcolanza en la que solo importaba aquello: la palma de ella contra la suya. Por eso había sido tan dolorosa la traición. Ella había hecho que el tiempo recobrase su importancia. Y por eso la sangre jamás volvería a correr cálida por sus venas''
Pensó que, así tumbada, como estaba, parecía una princesa.Una princesa de hielo.
El suelo sobre el que se sentaba estaba helado, pero el frío no le preocupaba. Extendió el brazo y la tocó.La sangre de sus muñecas llevaba ya tiempo coagulada.
El amor que por ella sentía jamás había sido tan intenso. Le acarició el brazo como si acariciase el alma que había abandonado aquel cuerpo.
No se volvió a mirar cuando se marchó. Aquello no era un adiós. Era un hasta la vista''
''Calentó un mechón de su cabello entre sus dedos. Los diminutos cristales de hielo se derritieron mojando las palmas. Fue lamiendo el agua, con deleite.
Apoyó la mejilla contra el borde de la bañera y sintió cómo el frío le mordía la piel. Era tan hermosa. Allí, flotando en la superficie del hielo.
Los lazos que los unían aún seguían vivos. Nada había cambiado. Nada era diferente. Dos de la misma naturaleza.
Tan solo con un mínimo esfuerzo podía darle la vuelta a su mano para unir las dos palmas. Trenzó sus dedos con los de ella. La sangre estaba reseca y coagulada y se adhirió en pequeños fragmentos a su piel.
El tiempo jamás había sido importante cuando él estaba a su lado. Años, días o semanas, todo se confundía en una mezcolanza en la que solo importaba aquello: la palma de ella contra la suya. Por eso había sido tan dolorosa la traición. Ella había hecho que el tiempo recobrase su importancia. Y por eso la sangre jamás volvería a correr cálida por sus venas''
Aquí todo el mundo pide alguien perfecto, alguien que se ría cuando se tiene que reír; que se tome las cosas en serio cuando tiene que hacerlo; que sea ordenado y limpio, pero no de forma obsesiva. Que le guste dar mimos y sea romántico, sin ser pegajoso. Una persona que esté ahí cuando te sientas mal pero que no te atosigue a preguntas...
Todos queremos a alguien perfecto a nuestro lado, pero luego nos equivocamos y usamos de excusa el típico ''Nadie es perfecto''.
lunes, 26 de marzo de 2012
Porque el dolor no se olvida.
Sentía en el pecho lo quemazón de los remordimientos que encendían aún más su rabia. ¿Por qué tenía que parecer siempre tan... destrozada? Aún. Después de cinco años.
A la de 3.
Cerramos los ojos, los problemas desaparecen. Hasta que los vuelves a abrir y te das cuenta de que nada ha cambiado, los problemas siguen ahí. La misma mierda de siempre.
Pero vale la pena contar hasta 3, volver a cerrar los ojos y fingir que todo va bien.
jueves, 22 de marzo de 2012
Cuando yo digo siempre, es siempre.
Aunque ya no esté a tu lado, aunque no te veas reflejado en mis ojos, no te escuche cuando hables ni te muestre esa sonrisa que siempre enseñaba, aunque no pueda achucharte entre mis brazos cuando te sientas mal, aunque tampoco pueda darte esos puñetazos que tanta gracia te hacían cuando me insultabas en plan cariñoso, como decías tú. Aunque las palabras bonitas y los motes se hayan quedado en el recuerdo yo siempre voy a estar ahí, cerca de ti, apoyándote. No en tu corazón, como dirían muchos, no, simplemente cerca de ti. Y si no estás bien, recuerda todos esos momentos divertidos y piensa que algún día, tal vez, podrían volver a repetirse.
domingo, 5 de febrero de 2012
Dos palabras.
Te quiero, te odio, estoy embarazada, olvídame ya, quiero dejarlo... Y así te das cuenta de lo mierda que es todo, te das cuenta de que dos simples palabras pueden cambiarte completamente la vida. Para bien o para mal, pero sientes que un par de palabras controlan tu vida y, aunque no quieras, esas dos palabras siempre te afectan.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)